Eduardo Urueta
carloswill:

simbolismos de Matilde la chula 
Reminiscencias de imágenes icónicas del siglo XIV
Tinta china sobre papel 
carlos will 2013

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simbolismos de Matilde la chula 

Reminiscencias de imágenes icónicas del siglo XIV

Tinta china sobre papel 

carlos will 2013

carloswill:

Superficial de indigenas mexicanas con sombrero

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Superficial de indigenas mexicanas con sombrero

De cuando el poeta recibe un premio literario

vidadeescritores:

Durante la ceremonia de premiación:

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Más tarde en el hotel:

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Sombra encinta

−Invítame a ver volar pájaros, y soñar que yo puedo ser uno de ellos; a alguna parte, a Reforma por ejemplo, a ver jacarandas juntas, y a Puebla, como ninguna medida terrenal, a ver buganvilias como mi reconocimiento.

La flor es flor por serlo y por saber qué es, lo es más pues además de serlo, y en su lugar ser, es comprendida en otro estadio donde se sabe que es.

Te lo repetí en un afán de un fulgor nuevo pero nunca lo pronuncié a tu espacio auditivo, mas sí al recurso interpretativo. Yo no quiero estar contigo, prolongando y prorrogando, nuestro siempre en uno mismo. Para siempre invisible, para nunca en el olvido.

(−Ven, pues, ahora silencio. No sé si me habitarás o yo te habitaré, de cualquiera de los dos modos, te daré mi boca o tú en ella te quedarás. ¿Haciendo yo el vacío o tú haciéndomelo más? Si fuera de otro modo, por cumplirte la fama, fueras lo mismo. Ven ya.)

Así empezó la historia de mi despedida, terminó con el adiós, claro. Es una batalla la nostalgia y es una guerra el mundo por donde debió de pararse, como hoja seca, en el pasto verde, el otoño, y que fincó su permanencia.

Iba a ser la primera de muchas, a distancia de aquel tiempo, una de las tres que han cambiado los embarques y el destino que me dibujan.

Durante el tiempo del proceso, los árboles fueron una decisión para descansar en la sombra: mis hermanos, por enraizados en la confiable penumbra de los primeros fondos de la tierra. Los libros, una conciencia fueron, si de poesía eran. Los gatos, un impulso de callar a todos los animales.

Previsiblemente mi insurgencia sensible y experimental me indujo a seguir por el tránsito nebuloso. Desde mi mismísimo cuerpo, no dije “me duele el corazón” sino “me duelo” y no lo dije con mi boca sino conmigo lo dije.

Estuve ilustrado de pluralidades panorámicas. Los cerros fueron míos como nunca. Desde siempre me fascinaron, para entonces fui su amante. Bebí de las aguas de los escurrimientos de las montañas altas y admiré, de los pequeños cerros, caminos forjados por personas que por ellos caminaron escasamente y que designaban ya un trazo oficial para encumbrarse; me encumbré, con caución pero arrobado; participé en remarcar el camino. La ciudad, una multiplicidad paisajista en sí misma, de ella sin finalidad tomé el aspecto férreo, duro, autómata, me liberé en sus dimensiones geográficas y geopolíticas, inicié la travesía de conocer todos sus museos pero no cumplí a mis ojos dicha acción prometida, sin embargo, fui actor de una identidad multipartidaria, que desconocía, dentro de una misma colonia, donde fui lo mismo habitante que paisaje.

Recurrí al fulgor del pensamiento de mi patria, pues el límite de la sombra es la luz. Si preñada estuvo, si grávida de mi corazón, la sombra, la sombra, por ella, de la jacaranda que inauditamente se secó, el ahuehuete que quemé, abrasado y abrazado a él, de la ceniza que quedó por el fuego nuestro, de tanta pena que tuve, estuve anochecido. Despertaba y seguía dormido en sus manos, tanto me hizo poco, me decoloró los ojos, pero no los mató. Tenía ojos, ellos fueron las dos esferas de mi salvación después de que la cuenta del dolor me cayó para dejar de ser fantasma. Fui, después de todo, una lluvia que cantaba su penar, un viento instrumentador, también un cementerio, un sonido marino, un bolígrafo solo, una espuma en medio del abismal océano, hasta que descubrí el nido creador que ya se formaba para recibirme en mis pupilas. Me bastó la mordedura a la rabia y despertar a la ruta veraneada para quedar atrás la forma de la muerte y volver a pesar emplumado, encinta de la primavera.

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El afligido

A Luis Tanimoto

 

Como un gato pero que no maúlla,

Por las noches viajas por azoteas.

Como inconsciente la cola meneas.

Duermes sin cama. La sombra te arrulla.

 

Mi laguna vertebral te embarrulla

Con una cascada blanca; titubeas.

Tu cuerpo largo, como alunado, arqueas,

Y ya mi nombre, miedoso, mascullas.  

 

Qué infancia del aspecto de pantera

Y qué parque de vellos tu piel tiene

Cuando mi mano en un mimo es manera

 

De cariño que en esquela deviene.

Y esta narración: misiva viajera

Que ojalá, alada, tu tiniebla drene.

 

 

 

dawnawakened:

New Gravity

Philippe Ramette does an amazing job with this set of gravity defying images. The French artist believes that nothing should be faked, which makes for a thought-provoking questions to these strange compositions. Philippe sets out with photographer Marc Domage and makes his sculpture life like; making the compositions all that believable. The first image really sets the bar high, this image is really a brain teaser, the way he has the subject on the opposite surface of the water is just unbelievable. I really love the brilliance of this Philippe. Be sure to check out more of his work after the jump.

Salvador Novo y Federico García Lorca

No el suicida

A Jhoel

A Vladimir

Sientes como tus pupilas están cubiertas por un río, donde el mundo se refleja, así, tus ojos, como la poesía, reducen al mundo, mas no lo simplifican; sabes que perteneces a la Tierra, y puedes orientar tu vista al Este y los volcanes tapizarían tus iris, o llorar tu muerto, así sea un instante; todos los momentos mueren, así cumple la vida, así es. Por tu boca pasa el siglo como un bilé. Sientes páginas, haces monumentales hechos, eriges ideas, encimas conceptos, ocupas títulos, caminas, corres.

El dolor es un testimonio, no el veredicto. 

No serás el próximo suicida, cuando te repitas esto.